Sentido común

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Por Thomas Rivera Schatz, Ex presidente del Senado, Periodico EL Vocero

Sentido común puede definirse como una facultad que posee la generalidad de las personas para ‘juzgar razonablemente las cosas’. Es en esencia, el razonamiento de lo que puede resultar obvio, lógico, normal o natural entre grupos de personas y las comunidades en general.

Hace décadas que todos sabemos que uno de los principales problemas de nuestro alto costo de vida y de la ‘inanición económica’ del gobierno y del sector privado es el altísimo costo de la energía eléctrica. La pregunta es ¿y dónde estamos hoy? Peor que nunca, con altas tarifas, la AEE en quiebra, apagones rutinarios, sin dinero para comprar combustible, inestabilidad laboral, negocios cerrando, empresa emigrando a otros lugares y bajo la amenaza real de que se avecinan más aumentos tarifarios.

Hace una década, el gobierno decidió que la transformación de nuestro sistema eléctrico debía ser al gas natural. Se alega que el gas natural es más barato y más limpio que los combustibles que utiliza la AEE, aunque también es un combustible fósil. El gas natural puede ser un adelanto a corto plazo, pero en realidad no es la solución total ni permanente. El sentido común nos dice que tan pronto el sistema eléctrico sea amplio dependiente de ese gas, susceptible al mercado especulativo del petróleo, entonces nos convertiremos en los rehenes de los mogules de ese gas como hasta hoy lo hemos sido de los mogules y carteles del petróleo.

¿Cuál es la energía más limpia y barata? Aquella que produce la naturaleza sin intermediarios de mercados internacionales especulativos y sin sus carteles. La energía limpia y barata es la que producen el agua, el viento y el sol, entre otras fuentes renovables. Si usted mismo puede producirla en su casa o en su negocio, pues será mejor y más barata. Tradicionalmente, los ‘gobiernos permanentes’ dentro de la AEE, que incluyen gente de todos los colores políticos y a los incoloros, juntos en su propio tango petrolero, siempre han colocado obstáculos para la implantación de esas tecnologías. Muestran caras simpáticas a esas propuestas, pero por debajo las sabotean descaradamente.

En Puerto Rico, el sol puede ser una alternativa. A pesar de eso, la realidad es que los paneles solares y su instalación resultan muy costosos para uso residencial o en pequeños y medianos comercios. Algunas empresas locales ya los mercadean hasta sin pronto pago, a cambio de una tarifa fija de 21 a 23 centavos por kilovatio/hora durante 20-25 años. La oferta resulta de entre 7 a 5 centavos menos que la AEE. Algunas ofertas incluyen en esa tarifa fija el financiamiento de los equipos y la instalación. Buenas noticias, pero no son suficientes. La mayoría de los paneles disponibles en esas ofertas no son los más eficientes. Son los de mayor tamaño y menos niveles de captación de la radiación solar. En muchos hogares y negocios no hay suficiente espacio en el techo para acomodar los paneles necesarios para cubrir el 100% de sus necesidades. Los más eficientes y pequeños son demasiados costosos y casi nunca están disponibles en esas ofertas.

¿Qué nos dicta el sentido común? Asignar al Recinto de Mayagüez de la UPR los recursos necesarios para que, en el menor plazo posible, adelante el desarrollo de una tecnología de paneles solares más pequeños, pero más eficientes y económicos; de producir energía con el viento, el agua y cualquier otra fuente de energía renovable. A ese esfuerzo deben integrarse la AEE y empresas locales relacionadas con esta tecnología. Que no tengamos que depender de las especulaciones en el mercado internacional que encarecen esa tecnología. Mientras el RUM realiza ese desarrollo, la AEE y el Departamento de Desarrollo Económico deben sentar las bases de este nuevo modelo de negocios y de toda la infraestructura para la fabricación masiva de los paneles y los equipos que se desarrollen. Hay que integrar a las empresas locales expertas para el entrenamiento de los empleados de la AEE y otros miles de trabajadores que participarán en la fabricación, la distribución, la instalación y el mantenimiento en decenas de miles de hogares y negocios.

Ese debería ser el foco de la AEE para salir de su atolladero con miras al futuro cercano. Producir la infraestructura de esta alternativa limpia y más barata; diversificarla, liberalizarla y masificarla. Se crearían decenas de miles de empleos. Hasta podríamos convertir a Puerto Rico en el principal productor y exportador de esa tecnología en toda Latinoamérica. Lo más importante, nuestros consumidores recibirían un alivio dramático en sus facturas sin necesidad de costear la instalación. Para eso, estoy seguro que aparecería el financiamiento.

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One Response to “Sentido común”

  1. sergio Says:

    Eso es asi, ahora es el cartel del petroleo, luego sera el del gas. siempre habra unos amigos del alma a quien repartirles el bacalao, a cambio de un porciento debajo de la mesa. De acuerdo con el senador Rivera Schats.

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